Dictadura, mujeres y violencia sexual

domingo, 24 de marzo de 2019 · 00:00
NOTA Nº 564, escribe Jesús Chirino Durante la dictadura desaparecedora de personas no solo se intentó imponer una mirada negativa sobre las mujeres militantes, también se ejerció la destrucción de la subjetividad de las mismas, especialmente de las detenidas en los centros clandestinos, mediante las violaciones y la violencia sexual junto con la maternidad en cautiverio. Para quienes ejercían la autoridad, ellas habían roto mandatos, veían la sexualidad con demasiada libertad, peleaban por sus ideas, escapaban de los ámbitos privados, estudiaban y no eran sumisas. Entonces la reacción era el ejercicio de todo tipo de violencia sobre esas mujeres que, consideraban, debían disciplinar.   Estereotipos de mujer Desde el poder, durante la dictadura cívico militar y eclesiástica iniciada el 24 de marzo de 1976, se promovió una representación de las militantes, sindicalistas, políticas e integrantes de organizaciones armadas como seres sexualmente libres y activas, malas madres, malas esposas y malas amas de casa. Supuestas integrantes del enemigo “apátrida” eran presentadas como un modelo estereotipado de mujer contrapuesto al conservador y represivo, sostenido desde la moral católica. Desde esta última posición se tendía a la mujer como heteronormativa, monogámica, reducida a la vida privada y siempre sometida a la autoridad masculina. La Escuela de las Américas, centro de formación de los represores, sostenía “cuando una mujer era guerrillera, eran muy peligrosas… siempre eran apasionadas y prostitutas, y buscaban hombres”, por ello no resulta extraño que el insulto más común en los centros de cautiverio fuera el de “putas”. Este posicionamiento ante la mujer tenía discursos que aún pueden leerse en documentos de la época. Es así que pueden consultarse las Instrucciones para Operaciones de Seguridad aprobadas por el general Roberto Viola, entonces jefe del Estado Mayor del Ejército, donde se dice que “el personal femenino podrá resultar tanto más peligroso que el masculino, por ello en ningún momento deberá descuidarse su vigilancia (...) El personal militar no deberá dejarse amedrentar por insultos o reacciones histéricas”.   Cuerpos violados Más allá de todas las violencias que sufrieron durante la dictadura las mujeres en cautiverio, en los centros clandestinos de detención, en las cárceles, instalaciones policiales y militares, entre otros lugares, las violaciones sexuales fueron sistemáticas. En este punto debe señalarse que si bien algunos varones secuestrados también sufrieron violaciones, son pocos los que han podido poner en palabras estos hechos, cuestión que quizás pueda ser explicable porque en nuestra sociedad la subordinación es erotizada como femenina. Sí debe destacarse que en el caso de las mujeres, la violación era practicada como castigo, o venganza, hacia quien, se consideraba, se había salido de su lugar de subordinada, de sumisa. Es decir que se la cometía como un acto disciplinador y vengador, pero también esa violencia podía llevarse adelante como una afrenta a otro hombre. Desde esta visión se ejercía una apropiación de un cuerpo femenino que se consideraba propiedad de otro. También sufrían violaciones como una práctica de varones que pretendían demostrar fuerza o virilidad ante sus pares, con el objetivo de garantizar o de preservar un lugar entre ellos. Entre todas las atrocidades que vivieron las mujeres secuestradas por el poder de la dictadura, además de las violaciones, sufrieron abortos forzados y esterilización por aplicación de picanas eléctricas. También debieron llevar adelante embarazos en las peores condiciones de violencia y muchas parieron y les fueron sustraídos sus bebés.   Terrorismo sexual A pesar de esta terrible realidad que sufrieron las mujeres durante la dictadura, no fue sino hasta el año 2010 que comenzó a considerarse a las violaciones sexuales, durante ese período histórico, como crímenes de lesa humanidad independientemente de otros crímenes cometidos contra la misma persona. Es decir que dejó de verse como una forma más de tortura. Se produjeron condenas e iniciaron nuevas causas por este tipo de delito y salieron a la luz más datos acerca de este “terrorismo sexual” ejercido con el objetivo de disciplinar y someter a las mujeres militantes, pero también para producir el terrible mensaje, a la sociedad, acerca de lo legítimo que quienes ostentaban el poder, los hombres, sometieran a “sus” mujeres. Mensajes de este tipo, a veces disimulados, aún tienen presencia en el presente. Es tarea de todos trabajar en su desmontaje.