RELATOS DEL VIENTO - Saberes populares

Cuando el paisaje se mantiene, la cultura también

En su tarea, Pablo Rosalía cosechó oralmente testimonios y experiencias acerca de métodos para cortar la tormenta, abuelas que curan el empacho, infusiones de hierbas, rituales y tradiciones. “Hay ritos muy domésticos que cada familia conserva y no los dice porque pierden el poder”, destacó
domingo, 24 de noviembre de 2019 · 11:32

Escribe Daniel Rodríguez

Una abuelita dibujando tres cruces con un cuchillo para cortar la tormenta, un hombre arrojando huevos al piso para cortar el granizo o una receta que entremezcla las lagañas de perro con algún yuyo serrano, son parte del acervo común y cultural que todos conocemos de algún modo. Muchos son los mitos, las creencias y la sabiduría popular que está cargada sobre nosotros como en una especie de mochila. Pero son palabras, no son escritos. Esa tradición oral que trajeron nuestros ancestros todo el tiempo corre riesgo de perderse al dejar de ser repetida. Por eso él decidió comenzar un trabajo de recolección.

Pablo Rosalía (44), el pasado jueves estuvo presente en la ciudad debido a un proyecto donde la Agencia Córdoba Cultura y la cátedra de Desarrollo Sustentable de la Universidad Nacional de Villa María unen fuerzas en búsqueda de mantener un equilibrio natural. En este presente donde la forestación desaparece, también los saberes populares corren riesgo de extinguirse y son vitales.

Rosalía es comunicador social y nació en Córdoba, pero con el paso de los tiempos se fue a vivir a Colonia Caroya. “En la puerta del norte cordobés”, aseguró en diálogo con El Diario.

En su tarea, el entrevistado se dedica a investigar y divulgar tradiciones orales, creencias, ritos y expresiones culturales recogida de los vecinos que más conocen, saben o los practican. El emprendimiento ya lleva más de 16 años de recolección en distintos puntos de la provincia (especialmente en la zona serrana y campesina).

Pero cuando el profesional se refiere a su tarea habla en plural. Ya que él y Patricia Rionda son quienes llevan adelante una asociación cultural llamada Relatos del Viento que dispone de un abanico de historias.

“Ahora estamos trabajando en la zona de Pocho y Minas gracias a un apoyo económico de la Agencia Córdoba Cultura”, mencionó.

El momento del arribo

El sendero recorrido llega a la cifra de 450 entrevistas en, por lo menos, 150 poblados. “Al llegar a una zona nos presentamos a los actores sociales y culturales: desde el municipio hasta escuelas y organizaciones sociales. A partir de ahí nos informan sobre referencias como la existencia de una abuela de 95 años que luego vamos a visitar”.

“No vamos una vez y hacemos una entrevista. Son charlas dirigidas donde hacemos varias visitas a la persona para generar un vínculo. Recién a la segunda o tercera visita (dependiendo de la persona o familia) empezamos a charlar sobre ciertos elementos culturales y no históricos”.

Es importante subrayar que esto no tiene que ver con la historia, sino que es algo apuntado a las expresiones y experiencias personales.

“Nos manejamos en 13 categorías con mitos, creencias, leyendas, saberes medicinales o cómo se construían las casas de adobe y demás”.

En medio de todas esas charlas surgen y afloran, tal como las flores en nuestra pampa, los rituales utilizados por nuestros predecesores.

“Nos interesan las técnicas utilizadas para eliminar la tormenta, para llamar la lluvia, las leyendas del cielo o de cómo se lo llama al viento; no nos dedicamos a investigar si el rito funciona o no. Importa el valor cultural”.

De igual modo, y no es extraño, todo esto no se corresponde a una creación nacional. Muchos de estos métodos han llegado desde dos focos más bien distintos. A saber, Los inmigrantes llegados al país trajeron sus saberes y ellos se mezclaron también con los de los primitivos habitantes.

“El inmigrante ya llegó cortando tormentas. Tirando huevos de gallina al piso que, si caían en punta y no se rompían, la cortaba”.

“Si uno hace un estudio comparado ve que, sin saberlo, ellos lo heredaron en la Europa campesina, prácticas precristianas, y es enorme a similitud de un montón de expresiones”.

“Toda la humanidad comparte un fondo cultural arcaico.  Los hombres compartimos el mundo desde hace 30 mil años (o desde más tiempo) y tenemos un fondo cultural en común”.

El agua

Si uno quisiera hacer una lista entre las acciones más conocidas, o las que más se destacan, aparece el agua como uno de los fenómenos que las comunidades más han intentado controlar.

Ante esto, Rosalía destaca que para cada acontecimiento natural existe una modalidad a aplicarse. “Pueden ser para un temporal o para piedras, lluvias o vientos” entre otros.

“En la lluvia una de las técnicas más populares para pararlas son las cruces dibujadas al aire con algún elemento también con forma de cruz”.  Tomando un hacha o un cuchillo, los hombres o mujeres dibujan tres cruces imaginarias. El número tres no es azaroso y algo de religioso tiene: como la Santísima Trinidad.

“Hay algunos puñales que tienen en la unión de su empuñadura y la hoja una forma de cruz, porque lo que hacían era simular la función”.

“También se hacen cruces con sal en la tierra, que es un elemento que tiene cierta sacralidad (tanto para los primitivos habitantes como para los católicos)”.

“Después hay otra técnica que es la famosa ‘Negociación con los santos’ o ‘Castigo a los santos’. Allí, generalmente se utilizan estatuillas de santos menores: “Suelen ponerlo en un aljibe, muy cerquita del agua dado vuelta o dentro de un mortero en el medio del patio; Dios no va a mandar mucha lluvia porque si la manda ‘se ahoga’ el santo”. 

“Los ritos son muy domésticos y cada familia conserva las fórmulas que no dicen porque pueden perder su poder”, enfatizó el entrevistado en alusión a tales temas folclóricos.

 

Los que persisten

En la actualidad también conviven muchos rituales que se han mudado desde la zona rural hasta la ciudad. Por eso todavía persisten en los barrios más populares la abuela que, con la cinta y la cruz, cura el empacho; la utilización de granos de maíz para sanar los nervios o el hecho de poner los testes dentro de una bolsita. Asimismo, continúa la utilización de hierbas en infusiones para curar distintas afecciones.

“El tema de las tormentas en la ciudad es otra cosa, porque en un departamento tal vez no podés verla venir; o no tenés patio”.

Otro rasgo que preocupa es que los adolescentes han perdido referencias del paisaje, no pudiendo distinguir hacia donde queda cada punto cardinal.

 

El Rey de los animales

Durante el pasado jueves se presentó un dilema que conecta a las grandes urbes con el intento de proyección y contención de la fauna nativa.

Todo esto se pudo explicar mejor con un mito popular que, de cierta manera, preserva las especies. Aquella leyenda paranormal conocida como la del “El Rey de los animales”, fue narrada por el comunicador social.

“El cazador criollo caza solamente para la subsistencia de su familia y tiene el tabú de que, si caza más de lo que el necesita, aparece un ser sobrenatural que toma justamente la misma forma del animal que estuvo cazando, pero con características sobrenaturales: cuadruplica el tamaño, tiene ojos rojos y es inmortal”.

“Todo esto le genera al cazador una pérdida temporal de la ubicación y de la conciencia; más adelante también podrían ocurrirle desgracias temporales y familiares”, destacó Rosalía que aseguran algunos pobladores respetuosos de tales historias que persisten en el tiempo.

“Es un tema muy recurrente en la mitología indígena la idea de que todo animal tiene un ser protector”.

“Hoy en día una buena parte de los cazadores criollos no van a cazar más de lo que necesitan. En tanto, el cazador de la ciudad, comercial y deportivo va y revienta todo sin interesarse. Entonces, nosotros, en los cursos de capacitación docente, nos preguntamos ¿quién es el ignorante?”, reflexionó.

 

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