Opinión - Aporte sobre viviendas sociales
Para vivir mejor
El profesional firmante es crítico del concepto y el lugar elegidos para beneficiar a 80 familias. Y explica sus motivosLa semana pasada me enteré del proyecto. Un bloque de viviendas de diez pisos que se implantaría en donde ahora hay una playa de estacionamiento frente a una Terminal de colectivos que, hace mucho, muestra señales de insuficiencias en un nudo vehicular casi librado a la ley del más grande porque los más portentosos estrangulan a los circulantes mínimos que osan pasar de dos bulevares a dos calles con presunciones de avenidas. Aclaro que no me animaría a cruzar por la zona sin, por lo menos, un seguro de vida.
Un bloque de diez pisos para agrupar ochenta familias en un lugar que no tiene vocación para la vida familiar es una aberración cultural en una ciudad como Villa María que conserva todavía la horizontalidad y la proximidad como patrones. La vivienda en bloque puede, sin lugar a dudas, maximizar la densidad de habitantes por metro cuadrado, pero también, sobre todo cuando excede determinadas alturas, deteriora el bienestar de las personas. Dejarse invadir por un espíritu utilitario que habilita a la construcción de lo que sea en donde sea, es una debilidad espiritual, por cuanto solamente permite pensar mecánicamente, sin considerar a los otros como personas con necesidades individuales y de culturas divergentes. Verticalizar la vida de la ciudad no presenta verdaderas ventajas, salvo las especulativas.
Los edificios altos encarecen el mantenimiento, dificultan la vida de los niños y los ancianos, disminuyen la luz y el aire, evidencian perjuicios en el bienestar mental y social de las familias. Las viviendas en altura alejan de los saludables contactos casuales cotidianos y del buen uso de los espacios exteriores. Producen aislamiento forzado y pasividad, sobre todo de los que habitan los pisos superiores, que tiene barreras efectivas como pasillos, ascensores, palieres y el tiempo de recorrido para acceder a la calle. Hasta tres o cuatro plantas se puede bajar cómodamente y desde una ventana o balcón sentirse parte de la escena callejera, se pueden ver los detalles del paisaje urbano, los rostros de la gente y sus gestos, hasta se puede gritar y atraer la atención de algún transeúnte. Por encima de estos niveles la conexión se pierde.
El bloque de vivienda es una tipología impostada que traslada la neurosis de la vida de ciudades que han perdido su escala humana. En el estereotipo de la metrópoli existe el preconcepto de que lo escandalosamente monumental y alto, jerarquiza. Trasladar la lógica de la “gran ciudad” a Villa María es trasladar una lógica alienante y deshumanizante, no la de la vida plena. Hacerlo en un lugar con patologías preexistentes agrava.
Es cierto que el sector de la ciudad debe ser saneado. Es cierto también que son muy necesarias las viviendas. Está muy bien que la política tome la iniciativa para hacerlo, pero no puede hacerlo sola. Pensar y hacer la ciudad, ambas cosas pueden llevarse adelante con la previa construcción cultural de la participación ciudadana. Para poder imaginar la Villa María de los próximos años y poder construirla es necesario escuchar las voces de los demás.
Los vecinos, los destinatarios, los políticos, los profesionales, todos tenemos derecho a ser los proyectistas de cómo queremos vivir.
BARUJ - Arquitecto
MP Nº 7.374
