Acerca de polémicas actuales
Villa María, una ciudad amable
El autor defiende la participación ciudadana en el desarrollo urbano, al tiempo que advierte: “No siempre se es positivo por pensar de una u otra manera… Lo positivo es pensar”Escribe Arq. Hugo Daniel Gabetta
La terminología empleada por técnicos y urbanistas se convierte a veces en elitista y deja afuera la participación vecinal, ya sea de forma directa a través de la participación o indirecta a través de la opinión constructiva.
Hemos dejado de lado las palabras y los dichos simples que hacían que las cosas eran más fáciles de entender, eran más directas, cualquier persona entendía una frase sin más intelectualidades, como decía el refrán griego “quien conoce los nombres, conoce las cosas” o, sin ir más lejos, “a buen entendedor, pocas palabras”.
Asistimos hoy a un gran cambio en todos los órdenes, pero en el lenguaje cotidiano el cambio es de tal envergadura que ni aun la generación de milenians lo entienden o lo pueden definir a la perfección. Utilizamos términos y conceptos como sostenible, saludable, empoderamiento, reequilibrio territorial y regional, desafío demográfico, etcétera. Ahora bien, creo que ni bien profundizamos cada término, nos damos cuenta que muchas veces es una moda terminológica, pero que a nivel social y personal no aborda de forma contundente los procesos que intentan definir.
Ya en la antigüedad, en el siglo XIV, Guillermo de Ockhan definió una técnica hoy utilizada en la Escuela de Mediación de Harvard, que dice que una hipótesis o un problema es mejor o sencillo de resolver cuando se explica con términos fáciles.
La mayoría de las profesiones cuanto más elitistas más acentúan una jerga o vocabulario propio que pone una barrera de vidrio, transparente, con la sociedad a la que se dirigen. Y esto se acentúa en las cuestiones urbanas, pues la acumulación interdisciplinaria en la que cada uno interviene con su propio vocabulario elitista hace que el problema se acentúe aún más.
Cada vez más voces ciudadanas reclaman participación a la hora de decidir el desarrollo de las ciudades y sus zonas de influencia… La gente quiere decir qué piensa sobre tal o cual obra y siente que tiene derecho a opinar sobre sus vivencias futuras. Los municipios, en términos generales, deberían apostar a una práctica que dio resultados muy positivos en Europa en los años 80, cuando a partir del proceso democrático municipal se materializaron obras en consenso que han diseñado la estrategia de crecimiento e intervención urbana en las ciudades los últimos 35 años.
Estas palabras intentan validar ciertas intervenciones en nuestra ciudad que se han hecho en un contexto donde confluyen multitud de intereses, en muchos casos intereses enfrentados, lo que da lugar a opiniones de distinta índole, puesto que no se ha establecido un protocolo de participación con un marco adecuado, más allá de las audiencias públicas previstas en la Carta Orgánica Municipal, pero en las que los vecinos no se sienten llamados a participar.
Para profundizar un nuevo modelo de participación es clave la voluntad de la administración municipal, es clave el acceso por igual a la información y para ello es determinante que todos los que deseen participar vayan construyendo consensos comunes y lenguaje común. En estos pequeños hechos radica el Derecho a la Ciudad.
Villa María (y esta nota está dedicada a ella) es una ciudad que a pesar de que estos mecanismos no funcionan o si lo hacen se politizan por no tener un objetivo común, es una ciudad que si tuviera que definirla con un vocabulario no urbanista ni elitista, sino a través de una frase simple, diría que es una ciudad amable para vivir.
Tiene elementos urbanos estructurados de forma espontánea, es una ciudad no agredida por las decisiones urbanas o la arquitectura, es una ciudad que posee un parque lineal extraordinario como la costanera, que a ciudades como Toronto, con otros recursos, le ha llevado años hacer. Y casi sin pensar cambió el concepto de parque: uno no va al verde, el verde viene a uno. Y eso es extraordinario.
Escuché no hace mucho en un programa radial, a raíz de un edificio que se está haciendo sobre la costanera, una frase que decía más o menos así: “La ciudad una vez más fue agredida”.
Bueno, no creo que fuese agredida. Creo que está creciendo y bien. Y vendría muy bien que para el futuro que los vecinos pudieran opinar y dar sus vivencia y sus sentires de forma ordenada y positiva. No siempre se es positivo por pensar de una u otra manera, no… Lo positivo es pensar.
