Pandemia II
Las maneras de proyectar en función de... #Quedateencasa
“Pensar en el otro también es entender que, como arquitecta, no puedo proyectar un espacio no habitable. Hay que proyectar departamentos con jardines, que se conecten con la naturaleza a la que no podemos acudir”, plantea la profesionalEscribe: Arq. Yanina Moreno (para nuestra Redacción)
Luego de la Segunda Guerra Mundial los arquitectos debían dar respuesta a la problemática social de crear unidades habitacionales, ya que ciudades enteras habían quedado desbastadas.
Le Corbusier (pintor, arquitecto y teórico franco-suizo) creó en 1947 La Unité d’ Habitatión en Marsella, Francia (vivienda residencial multifamiliar) para familias que no poseían vivienda luego del conflicto bélico.
La unidad habitacional fue el primero de una nueva serie de proyectos de vivienda de Le Corbusier, que se centró en la vida comunal para todos sus habitantes, creando un lugar para realizar las compras, jugar y vivir; fomentando la realización de tareas grupales (cita extraída de la página digital Plataforma Arquitectura, año 2015). Es un ítems que, debido al confinamiento por la pandemia de coronavirus, queda exceptuado por el aislamiento social.
Observando la historia podemos ver que el avance tecnológico siempre tomó la delantera olvidando la naturaleza y los orígenes.
Un ejemplo fue lo que ocurrió durante la Revolución Industrial en el siglo XVIII, donde se produjo un colapso de las ciudades al trasladarse la población del campo hacia las ciudades (esta migración ya había comenzado, pero se aceleró a partir de este período).
Este movimiento no solo causó el cambio del lugar de residencia, sino también de profesiones, oficios; cambios sociales, culturales y medioambientales, ya que las ciudades colapsaron y los arquitectos y urbanistas debieron responder a esta problemática.
Este fue el disparador para crear, a partir del siglo XIX ciudades higiénicas, más naturales.
El ejemplo de Mendoza
Un ejemplo de ciudad del siglo XIX es Mendoza, debido a que luego del terremoto de 1861 la ciudad quedó desbastada. Debieron reconstruirla y lo hicieron a partir de estos nuevos principios urbanos utilizados en Europa.
En contraposición a estos avances ocasionados por la revolución industrial, surge el movimiento Arts and Crafts (artes y oficios). Fue un movimiento que surgió en reacción a la industrialización y las formas de vida moderna que habían sustituido el trabajo manual por el trabajo mecanizado.
Tras ello, había una utopía social ejemplificada en el deseo manifiesto de volver atrás para “regenerar al hombre” mediante la artesanía, el trabajo pensado, propio, oponiéndose un poco a la producción en serie ocasionando la pérdida de identidad.
Quiero aclarar que no estoy en contra de los avances tecnológicos, esto es muy positivo, pero haciendo un correcto uso del mismo, por ejemplo, mejorando sistemas constructivos y creando nuevos materiales ecológicos y reciclables.
Retomando el tema de la creación de unidades habitacionales mínimas, surge el término de existenzminimum (renta mínima de existencia), que es justamente lo que logró Le Corbusier al efectivizar la inversión social en unidades de viviendas adecuadas y realizadas en óptimas condiciones económicas, en términos de eficacia, eficiencia y rapidez; reduciendo áreas y volúmenes construidos y sus costos.
Hoy en día la guerra es otra, el mundo es efímero, avanza y cambia. Nos hemos quedado con ese concepto de “unidades mínimas” con el afán de construir en serie de espacios reducidos que otorgan otras soluciones.
“Cuidarme y cuidar al otro”
La solución debe ser otra. Hoy la consigna es “cuidarme y cuidar al otro alejándome”. La arquitectura debe dar respuesta a ello, a este “confinamiento”, entendiendo que estos espacios mínimos ya no son útiles, que de ahora en adelante necesitamos que sean habitables.
Pensar en el otro también es entender que, como arquitecta, no puedo proyectar un espacio no habitable. Hay que proyectar departamentos con jardines, que se conecten con la naturaleza a la que no podemos acudir”; pensar en lugares de ocio, meditación, entrenamiento, tranquilidad, pensar en lugares comunes, pero aislados respetando este distanciamiento social.
Como arquitectos tenemos una tarea importante en este nuevo mundo que se está formando, como la de aquellos arquitectos de la Segunda Guerra Mundial, de la Revolución Industrial. Debemos dar respuesta a esta nueva problemática, volver a los orígenes (Arts and Crafts) sustentados por la tecnología, pero no ignorando a la naturaleza. Debemos volver a todo aquello que nos conecta, creando espacios habitables y accesibles a todas las clases sociales, (que no sea una oportunidad más para llenar los bolsillos de quienes más tienen) y crear un nuevo concepto de vivienda social accesible y habitable, una vivienda más “humana”.
*Publicado inicialmente en El Sol
