En el recuerdo - Extraordinaria arquitecta
Marina Waisman
Nació en Buenos Aires, pero poco después se radicó en esta provincia. Se graduó en la Universidad Nacional de de Córdoba y hasta su fallecimiento, en 1997, aportó sus conceptos renovadores a la arquitectura argentinaMarina Waisman, cuyo apellido de soltera era Kitroser, fue una arquitecta a la que sus pares consideraban cordobesa, más allá de que su nacimiento hubiera tenido lugar lugar en Buenos Aires.
Entre otros aportes trascendentes para la profesión, produjo una teoría de la arquitectura de América Latina mirando las problemáticas propias de la región y proponiendo herramientas adecuadas para entender nuestra realidad.
Se graduó como arquitecta en la Universidad Nacional de Córdoba en 1945 (fue la única mujer de su promoción y solo dos arquitectas se habían recibido antes que ella en esa casa de altos estudios).
Una muestra de su personalidad se dio en 1970, cuando desempeñaba una asesoría municipal, pero renunció cuando pese a su firme oposición se decidió demoler la casona del pintor Emiliano Gómez Clara, ubicada donde hoy se encuentra la Plaza de la Intendencia de Córdoba.
En la docencia se había iniciado en 1948 en la misma Universidad Nacional, donde creó la primera Cátedra de Arquitectura Contemporánea que dictó hasta 1971. Entre 1956 y 1959 dio clases también en Tucumán junto a Enrico Tedeschi y Francisco Bullrich, con qiuienes creó el Instituto Interuniversitario de Historia de la Arquitectura.
En paralelo realizó una intensa carrera en el campo editorial. En 1970, desligada de la asesoría en la Municipalidad de “la Docta”, comenzó a colaborar con la revista Summa, de Buenos Aires, y dirigió a partir de 1976 Summarios.
En 1974 se incorporó a la Facultad de Arquitectura de la Universidad Católica de Córdoba donde formó el Instituto de Historia y Preservación del Patrimonio (hoy denominado Instituto Marina Waisman).
Allí nacía un grupo de trabajo que intervino obras patrimoniales de la ciudad de Córdoba y se encargó de elaborar el catálogo de bienes a preservar en la ciudad.
Libros
Desarrolló una intensa actividad en los Seminarios de Arquitectura Latinoamericana, que se iniciaron en 1985 en Buenos Aires.
Su trabajo en estos ámbitos converge en dos libros: “Diez arquitectos latinoamericanos”, escrito junto a César Naselli en 1989, editado por la Junta de Andalucía y “El interior de la historia. Historiografía arquitectónica para uso de latinoamericanos” (Escala, 1993).
En esta última etapa publicó su libro “La arquitectura descentrada” (1995), en el que analizó el mundo fragmentado de fines del siglo XX.
En 1980 se ocupa junto con Freddy Guidi y Teresa Sassi de la recuperación y restauración del Museo Municipal José Malanca (hoy Centro Cultural España Córdoba).
En 1987 fue galardonada con el Premio América por su incansable labor crítica y trascendental aporte a la arquitectura latinoamericana.
En 1991 fue designada como profesora emérita de la Universidad Nacional de Córdoba.
En 1992 volvió a la Universidad Nacional de Córdoba, para dictar las Cátedras de Problemática de la Modernidad en América Latina y Problemática de la Postmodernidad en América Latina.
Fue además miembro de la Academia Nacional de Bellas Artes de la Argentina.
Participó como Directora en la ejecución de obras de Restauración, como el Comedor y Salón de Profundis del Convento de San Francisco, en la ciudad de Córdoba, Argentina, entre los años 1993 a 1996, con la colaboración en la dirección técnica de los arquitectos Gustavo Ceballos y Freddy Guidi.
También trabajó bajo la misma condición (directora) para la Restauración y Puesta en valor de los Puentes Históricos sobre el Río Suquía, con la Dirección Técnica de los arquitectos Gustavo Ceballos y Freddy Guidi; mediante convenio entre la Municipalidad de la Ciudad de Córdoba, Argentina y el Instituto de Historia y preservación de la Universidad Católica de Córdoba, entre 1995 y 1996.
Fue consultora de numerosas obras que se realizaban sobre edificios de alto valor patrimonial de la ciudad, como el Palacio Ferreyra, el Museo Caraffa, y la denominación de ciertos parajes en la Provincia de Córdoba, Argentina, donde se habían cometido serios errores históricos, como la Iglesia de Candonga, y otras postas de carretas adjudicadas a los miembros de la comunidad Jesuita, cuando en realidad habían sido obra de particulares. Pero Waisman se preocupó también por el patrimonio modesto de las ciudades, no solamente desde sus enseñanzas sino también desde un concreto activismo.
En definitiva, una mujer admirable, que edificó, con coraje y dignidad, un pensamiento valioso en torno a la arquitectura.
