Todo comienza jugando

El jugar en la infancia: su mayor ocupación

Con la actividad lúdica, los niños y las niñas se adaptan favorablemente a la realidad, la construyen, la conocen y la recrean permanentemente
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martes, 29 de septiembre de 2020 · 09:00

Escribe Zoe Zuin
Lic. en Psicopedagogía

"Amar, hablar, aprender; todo comienza jugando”.

Beatriz Janin, 2011

 

La cita completa de Janin dice: “Los niños hablan, juegan, dibujan, se mueven o se quedan quietos y en silencio. En todo ese despliegue el juego ocupa un lugar importante. Amar, hablar, aprender; todo comienza jugando”.

Una larga lista de autores clásicos, contemporáneos y actuales escriben y reflexionan sobre el jugar. Definición y tipos de juegos, sus características y la finalidad, son temas abordados por diferentes teorías. Pero ¿qué es el juego en la niñez?, ¿qué beneficios otorga el jugar?, ¿es posible aprender jugando?

Jugar es una función vital del pensamiento en la infancia, una actividad que tiene como único fin “el placer” y que carece de la organización del pensamiento serio, posibilita desarrollos saludables, constituyéndose en un puente con el mundo externo y sus complejidades. Mediante el juego, los niños y niñas se adaptan favorablemente a la realidad, la construyen, la conocen y la recrean permanentemente.

Desde muy temprana edad el bebé pone en juego todas sus capacidades que lo ayudan no solo a descifrar el mundo, sino también a conocerse a sí mismo. Mueve sus piernas y brazos, interactúa con los adultos entre miradas, sonrisas y caricias, explora corporalmente su entorno, por lo cual, muerde, empuja, derrama, chupa, golpea y tira todo lo que está a su paso, juegos motrices y sensoriales que estimulan su desarrollo físico, psíquico, emocional y social.

El tiempo va pasando, el bebé ha crecido y el comienzo de la marcha le posibilita explorar lo que lo rodea desde otra perspectiva, hay más soltura, independencia, libertad de movimiento. En esta etapa todos los juegos de arrastre -carretillas, andadores, cajas, sillas- y de encaje enriquecerán su desarrollo, descarga motriz y lo iniciarán en el manejo del espacio. El juego en la infancia transitará por diferentes etapas, cada una particular y con diferentes fines, pero todas contribuyen en el desarrollo de las conductas y su consolidación.

Con el acontecer del lenguaje, que es lo que permite una comunicación más clara, el juego con “otros” aparece como un nuevo desafío en la evolución del pensamiento. Esta actividad lúdica se enriquece gracias a la influencia de esos “otros” que harán que los objetos con los que se juega tomen un significado en la acción de jugar. Por esto es posible que puedan “cabalgar” sobre un palo de escoba, o “nadar” sin agua, o tomar el “té” en tacitas vacías. En esta etapa el juego contribuye al desarrollo de la capacidad simbólica, es decir, la posibilidad de “hacer de cuenta que”, o “hacer como si”.

El juego para tramitar emociones, expresar disgusto, para estar con “otros”, adquirir habilidades, para aprender a hacer, para controlar ansiedades, calmar angustias, desarrollar su personalidad, entender de límites y reglas, el juego como habilitador de pensamientos, como promotor de creatividad, como propulsor de curiosidad. El juego para crear situaciones ficticias (ser un superhéroe), para tramitar temores (llevar la muñeca a vacunar y decirle “no duele, no hay que llorar”), para expresar desagrado (darle sopa a un muñeco y expresar “es rica, y además te hace más grande”), el juego para aprender a hacer y a ser.

Pretendiendo responder los interrogantes planteados al comienzo reafirmo personalmente que ¡todo comienza jugando! Las destrezas motoras, la expresión de emociones, la interacción social, la conciencia del “yo”, y sin importar cómo o desde qué línea de pensamiento se defina el juego, después de este breve recorrido se puede afirmar que el juego, por su naturaleza y características propias, es el principal promotor de desarrollos integrales y saludables en la infancia. Los invito como en todos nuestros encuentros a propiciar el juego, a promover espacio para compartir, y hoy más que nunca, a “jugar sin parar”.

No hay edad, no hay momentos, no hay excusas, jugar es la única actividad que debe hacerse “porque sí”. 

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