­­Una de las tantas incógnitas que surgen de la pandemia

Los enfermos por coronavirus que se curan pero no se recuperan

Un número creciente de positivos sufre una versión larga de COVID con síntomas o secuelas que duran semanas o meses
tds
martes, 3 de noviembre de 2020 · 08:00

Entre los misterios que rodean a este coronavirus está el de la versión larga de la afección.

Un número creciente de los positivos presenta síntomas o secuelas mucho tiempo después de que ya den negativo. El problema es que, ante la urgencia de los nuevos casos, apenas hay seguimiento de los antiguos.

Un reciente estudio arroja algo de luz: entre el 10% y el de persistencia. Algunos casos son tan extremos que aún manifiestan fatiga y problemas respiratorios siete meses después de curarse. Y existen otras diferencias: la mayoría son mujeres y no pasaron por el hospital.

Salvo los casos que se complican y acaban en la terapia intensiva, la mayoría de los enfermos se recupera en menos de dos semanas. Exactamente en torno a los 11 días de presentar los primeros síntomas.

El seguimiento a más de cuatro mil positivos del Reino Unido, Suecia y EE.UU. confirma que el 38% de ellos se había recuperado ya en seis días. Sin embargo, 558 pacientes (el 13,3%) seguían teniendo problemas pasadas cuatro semanas. De ellos, más de un tercio aún se quejaba de diversas dolencias a los 56 días. Incluso, un porcentaje significativo (el 2,5%) superaba los tres meses. Y el estudio aún no ha terminado y sus autores esperan una persistencia aún mayor.

 

“Las cifras son mayores”

La investigadora del King’s College de Londres y principal autora de esta investigación, Claire Steves, está convencida de que las cifras son aún mayores. Además de que muchos de los enfermos de la primera ola nunca fueron detectados, en su trabajo ponían el contador a cero cuando uno de los afectados dejaba de tener síntomas pero, al cabo de unos días, tenía una recaída. “Nuestra clasificación de la duración de la enfermedad no contemplaba las recaídas”, afirma. Por otro lado, el seguimiento aún no ha terminado, así que teme que en muchos casos los síntomas sigan por más tiempo.

El estudio de Steves incluía a positivos que tuvieron que ser hospitalizados, pero en la mayoría de los casos el curso de la enfermedad fue leve y la pasaron en casa. Como en la versión corta, la de larga duración se ceba con los ancianos: los mayores de 70 años tenían el doble de posibilidades de sufrirla. Lo que sí es diferente es que las mujeres tenían hasta un 50% más de chances de desarrollar COVID persistente. En cuanto a las patologías previas, la única que parece elevar el riesgo es sufrir de asma.

“Algunos de los síntomas son inesperados”, comenta el neurólogo David García Azorín. “Si pasas la enfermedad, es lógico que tengas problemas respiratorios. Pero hay otros como la dificultad para concentrarse o el cansancio que son difíciles de medir y se hace necesario hacer un seguimiento a lo largo del tiempo”, añade. El problema es, precisamente, la falta de ese tiempo.

García Azorín, está realizando un estudio siguiendo a 2.098 pacientes: la cuarta parte tuvo que ser hospitalizada, pero el resto fue al ambulatorio. Aunque han observado una remisión con el paso del tiempo, hay síntomas, como la pérdida de olfato o anosmia que persiste en el 20% de ellos pasados ya tres meses.

En el estudio británico los síntomas más destacados son los problemas respiratorios (disnea), el cansancio, la anosmia o el dolor de cabeza. Todos, habituales en la versión corta de la enfermedad. Sin embargo, parece que hay algunos específicos. En comparación con los que se curaron en menos de dos semanas, el 6,1% de los afectados por la versión larga presentaba problemas cardíacos, frente al 0,5% de los segundos. Otras manifestaciones diferenciales fueron el tinitus y dolor de oído, pérdida de memoria o sensaciones corporales inusuales, como pinchazos o entumecimiento.

 “Nosotros tenemos un caso, un jefe de sala de un restaurante, cuyo trabajo era estar atento, que todo fuera bien con los clientes, y meses después de haberse curado dice que ya no puede hacer lo que hacía”, comenta el neurólogo Tomás Segura.

El neumonólogo Germán Peces Barba lamenta que apenas haya estudios. En su experiencia diaria ha comprobado que hay una relación entre la gravedad en la que cursó la enfermedad y la duración de las secuelas, teniendo un caso que se contagió en marzo y aún persisten.

Pero, ¿son síntomas o secuelas? La definición canónica dice que los primeros son paralelos a la enfermedad y las segundas son consecuencia. Pero el coronavirus todo lo confunde. Los problemas respiratorios son una clara secuela de un virus que ataca en especial a las vías respiratorias inferiores. Pero hay otros fenómenos, como la afectación de los sentidos, que deberían remitir una vez ha pasado la fase aguda.

García Azorín recuerda que, eliminado el virus, “otra cosa es la duración de la activación del sistema inmunitario y la mayoría de estos síntomas son provocados por esto o fallos orgánicos”. Mientras, Peces Barba destaca que algunos, como la ansiedad o la depresión, “no tienen trasfondo orgánico”. Y Tomás Segura habla de “secuelas sociales más que por COVID”.

Fuente: El País (España)

 

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