AnAlisis y cotejo de fuentes

Crecidas históricas del río Tercero

domingo, 6 de diciembre de 2020 · 09:00

Escribe Luciano Pereyra

El surgimiento del núcleo poblacional en inmediaciones del Paso de Ferreira, como consecuencia del aumento en el valor de las tierras que rodeaban la posta y el reordenamiento territorial dirigido por Juan Bautista Bustos en 1826, marcó el comienzo de la vinculación entre el río, como recurso natural, y los primeros pobladores.

Esta investigación tiene como objetivos principales:

-Brindar un trabajo de investigación histórica a los organismos públicos, que ofrezca lineamientos precisos sobre la importancia de la sistematización de la Cañada de los Castañones para descomprimir las crecidas del río y en la proyección del desarrollo urbano de la zona oeste en Villa Nueva y en Villa María.

-Divulgar los procesos históricos que llevaron a Villa Nueva al estancamiento económico y demográfico.

-Identificar al río Tercero, junto al ferrocarril, como comienzo del punto de ruptura histórica y posterior alejamiento como centro estratégico.

-Comparar las crecidas históricas del río Tercero de 1891, 1919, 1984 y 2014 para identificar similitudes y diferencias en las variables propuestas.

La investigación propone, en primer lugar, la revisión de las series documentales que se encuentran en el Archivo Histórico Municipal como correspondencias y libros copiadores donde encontramos las consecuencias políticas, sociales y económicas de las cuatro crecidas de diciembre de 1891. En segundo lugar, el análisis documental y cotejo de fuentes disímiles: el libro “Villa Nueva, un pueblo con Historia”, el Informe de Isidoro Paviotti al Gobierno de la provincia, El Diario de Villa María y el expediente municipal de la Secretaría Legal y Técnica.

 

Consecuencias Inmediatas a las crecidas de diciembre de 1891.

Análisis Documental

El comienzo de la década de 1890 se vio agitado por la incertidumbre económica, social y política, provocada por la inestabilidad de la incipiente economía argentina.

Hacia finales del siglo XIX, Villa Nueva, insinuaba recuperar cierto auge económico a través de sus familias comerciantes. La llegada de una nueva oleada de inmigrantes, que invertían sus destinos en la región, configuraba el contexto social, político y económico. La población de 4.000 habitantes  contaba con mercado público, acequia con puente incluido, hipódromo, tranvía y la aparición del ramal Buenos Aires al Pacífico con su flamante estación.

Se observa una crisis política e institucional antes, durante y después de las inundaciones. Durante el proceso se convocan a elecciones en reiteradas oportunidades, ya sea para remplazar algún concejal que renunciaba, para renovar integrantes del cuerpo legislativo o del Poder Ejecutivo. Recordemos que la democracia antes de la Ley Sáenz Peña era calificada, solo accedían al registro cívico y padrones aquellos ciudadanos que eran propietarios, aportaban al tesoro municipal y supieran leer y escribir.

En la memoria presentada ante el Concejo Deliberante el 12 de agosto de 1891, Antonio Cataldi informó algunos detalles de su breve gestión en el Ejecutivo local. Asumió la Intendencia ante la renuncia de Nicolás Caamaño. Suspendió provisoriamente los servicios de obras públicas, pero como las calles se encontraban en estado deplorable y haciéndose imposible el tránsito en algunos puntos, se procedió al arreglo de las arterias con carros particulares con los que se acarreaba tierra o ripio y utilizando la mano de obra que proporcionaban los presos.

Se inició un plan de pagos ante la deuda del municipio con el Banco de Córdoba. El estado de la caja municipal mostraba un déficit económico. El campo perteneciente al Estado municipal nada producía, las vizcacheras complicaban cualquier intento de urbanización. A esta situación se agregó la epidemia de viruela, que fue controlada gracias a las placas de vacunación que llegaron desde Buenos Aires y fundamentalmente a la acción del doctor Dionisio Vaz y Elena, quien realizó la campaña de vacunación entre la población más vulnerables. La sociedad de fomento reclamaba la suspensión del tranvía ante la crisis económica. Pero el Concejo no dio lugar al pedido argumentando la mala administración de la empresa.

Como en gestiones anteriores y posteriores se donaron terrenos, pero nunca se escrituraron, se realizó la profundización de la Cañada de lo Castañones y Juan Battanta concluye el puente sobre la misma acequia que colapsó en el mes de diciembre durante la inundación.

El proyecto de acequia entre Yucat y Villa Nueva, presentado por Hudson el 27 de octubre de 1880, se materializó en el acueducto Cañada de los Castañones hacia 1890. En el proyecto original figura como obra secundaria y estaba basado en la profundización del cauce y en el aprovechamiento del agua sobrante de las crecientes para el riego de las quintas. Ese es el verdadero objetivo de este canal natural profundizado y sistematizado. Cataldi sostiene en establecer un reglamento de irrigación para la acequia municipal.

El puente fue inspeccionado en 1890, demolido y reconstruido en 1891. Es numerosa la correspondencia entre Battanta y el municipio, primero para formalizar la obra y luego por la demora en los pagos. Esta obra atravesó las tres intendencias de Caamaño, Cataldi e Ignacio Carballo. (Pereyra, 2018)

Con respecto a las causas de las crecidas y el impacto destructor del agua, se expresa en las sesiones del Concejo que se observa “…desde muchos años atrás…” el aumento en el “embanque” de arena creyéndose que esto tenga que ver con el dique Carcarañá en la provincia de Santa Fe. Macario Casas expresó que las vizcacheras fueron motivo e insiste con proteger el terraplén  de estos roedores.

 En atención a la situación crítica que había creado la inundación, los concejales expresaban sus necesidades más apremiantes: Antonio Barcia propuso dirigirse al Gobierno provincial para que enviaran ingenieros que estudien las obras de defensa como también para la reparación de las partes destruidas. Desde el Concejo se autorizó al intendente Carballo a solicitar ayuda a los gobiernos provinciales, a los centros de asociaciones caritativas ante la destrucción del pueblo. Carballo argumenta que es inútil cursar notas nuevamente ya que nada obtuvo como respuestas, solo desde la ciudad de Rosario, desde la Comisión de Socorros para inundados. La ayuda llegó rápidamente de la comisión de damas de beneficencia local encabezada por Cenovia Sandes  de Casas, quien va a construir habitaciones para los damnificados.

Se solicitó al Gobierno provincial dos bombas en calidad de préstamo para desaguar pozos y sitios con aguas estancadas y en estado de descomposición, lo que amenazaba a la salud pública. También se solicitó la exoneración del pago de patentes, la contribución municipal, ya que el 50% de esas sumas serían destinados a la reparación del pueblo y las defensas hídricas. El Gobierno provincial destinó $500 para la reconstrucción del dique y destinó al ingeniero Caraffa para la planificación de la limpieza y reparación de las ocho aberturas y elevación del terraplén en un metro más de altura. Comienza la licitación de la obra, finalmente se extenderá hasta el 29 de octubre de 1892.

En enero de 1892 se creó una comisión de albañiles para realizar un informe sobre el estado de las construcciones o edificios que serán demolidos por consecuencia de la inundación de diciembre de 1891. La reparación del dique llevaría tres meses, según los cálculos inmediatos. Las viviendas más perjudicadas se ubicaron sobre las calles Artes (actual Mitre), Tucumán, Buenos Aires, La Rioja, boulevard sud (actual Argentino), Lima, San Martín y otras calles sin especificar. A pesar de observar el informe de la comisión de albañiles. López Narvaja insiste en la mejora de la precisión del informe. Son alrededor de 30 viviendas que fueron derribadas.

 

La comisión de albañiles estuvo integrada por Pablo Raffols, Apolinario Heredia, Juan Battanta y José Lomazzi, acompañados por el comisario de obras públicas Perfecto Rodríguez. Paralelamente se intentó la reparación parcial del dique con una cuadrilla de 10 peones del municipio. Se autorizó a comprar la tierra de los propietarios de las inmediaciones del dique.

El intendente Ignacio Carballo pidió autorización para convertir los pesos nacionales de la caja municipal a la moneda de curso legal y modificar el presupuesto presentado para 1892. Las cuatro crecidas del mes de diciembre atraviesan el contexto en todas las dimensiones. López Narvaja, quien se evidencia como opositor al intendente, expone las desventajas de esta acción y debate con Soto en el Concejo sobre esta cuestión. En enero de 1892 se autorizó la conversión para las reparaciones planificadas.

A las epidemias de viruela en 1891 y después de la inundación en el mes de septiembre de 1892, se sumó la de difteria. Carballo intima a Juan Cornejo para que en el plazo de tres horas saque de la población a los enfermos de difteria que alojaba en su propiedad. En 24 horas deberá abonar $25 moneda nacional por tal infracción.

Como expresamos anteriormente, a los daños por las crecidas del Tercero debemos agregar la deuda con el banco provincial, el cambio de la moneda de curso legal, la crisis política, con la renuncia de concejales y  hasta el mismo intendente Ignacio Carballo,  en septiembre de 1892. Además, la suspensión de clases por la viruela el 10 de septiembre de ese año.

Con respecto a la renuncia del intendente podemos inferir que a partir del mes de julio de 1892 se observa esta intención. En correspondencia al ministro Berrotarán, explica la falta de apoyo del Concejo Deliberante. Argumenta la escasez de recursos “…por la exigüidad de sus rentas…”; por la migración a consecuencia de las inundaciones. “…son muchas las familias que ya piensan engrosar la emigración ante la llegada de los días lluviosos…” Finalmente ante la renuncia de Ignacio Carballo en el mes de septiembre, asumió el concejal José López Narvaja. Su dimisión indeclinable fue justificada por motivos laborales y negocios personales, primero en la ciudad de Córdoba y luego en Buenos Aires donde finalmente se radicó.

En enero de 1893, Macario Casas expresaba, “…no se ve ninguna esperanza de conseguir recursos en un municipio azotado ayer por la inundación…que como consecuencia ha traído la despoblación y paralización casi completa de las fuentes de producción…”.

Entre enero y agosto de 1893 se finalizaron las obras de reparación del dique, luego de una inspección ocular recomendada por el Ingeniero Caraffa. Este informe del juez de Paz se encuentra en el Archivo Histórico local. Para comprender la magnitud del daño podemos decir, de acuerdo a los datos consultados, en la parte sur tenía una apertura de 525 metros longitudinales. Los responsables de la obra fueron los empresarios Casas y Martínez Fierro.

Mariano Pío Ceballos  recordaba que después de 1891 se acentuó el éxodo definitivo de la población de Villa Nueva. Este dato podemos confirmarlo con los datos aportados por los censos de población.

“…hasta la fecha no he tenido el gusto de recibir ninguna disposición que tienda a aliviar los males que con motivo de las inundaciones afligen a nuestro desgraciado pueblo…tiene al frente el enemigo que le amenaza la muerte segura…”.

Ignacio Carballo 20-1-1892.

Cotejo de fuentes documentales sobre las inundaciones de 1891, 1919, 1984 y 2014.

 

“Villa Nueva, un Pueblo con Historia”

En este material extraemos el aporte historiográfico y el pensamiento histórico de Pablo Granado, sobre la inundación de 1891, los actores sociales y políticos involucrados y las consecuencias de la catástrofe en el proceso histórico local.

El día 21 de diciembre de 1891, el intendente Ignacio Carballo, el jefe político del Departamento Tercero Abajo, Macario Casas, 60 peones y algunos vecinos se trasladan hasta la zona del dique, en el oeste de la población, para intentar cortar el ingreso de agua a la población. Después de varias horas de inútiles esfuerzos vuelven para sacar a las familias más perjudicadas y llevarlas a los puntos altos de la villa. La mayor cantidad de personas se trasladaron al mercado municipal. El agua del río, al desbordarse, recorrió los cañadones y zanjas que estaban entre el río y el dique. Entraron al pueblo por las alcantarillas del tranway por la actual calle Marcos Juárez.

Primera Crecida, 21 de diciembre de 1891

A las siete de la mañana todos los esfuerzos quedaron anulados por la creciente. Macario Casas, desde la estación del ferrocarril, informó la situación al Gobierno provincial. El agua rompió el terraplén en varios lugares y también ingresó desde el sur cuando chocó con las vías del ferrocarril Buenos Aires al Pacífico. A las 10 de la mañana comenzaron a caerse algunas viviendas de adobe, el promedio de profundidad del agua era de metro y medio. El Gobierno provincial envió al inspector Carlos Gigena y 25 soldados de la Policía. Desde Río Cuarto, se enviaron carpas para los evacuados.

Segunda crecida, 24 de diciembre de 1891

La evacuación se realizó con mayor rapidez. Se produjo el éxodo de vecinos, solo quedaron una veintena y las hermanas Franciscanas. Aumentó el derrumbe de viviendas y en la nochebuena volaron carpas y se cayeron árboles producto de un viento ciclonado que profundizó la catástrofe.

Tercera crecida, 26 de diciembre de 1891

El nivel y la velocidad del agua superó las anteriores, las fuerzas civiles se trasladaron a la estación del ferrocarril, donde algunas familias se refugiaron en los vagones. El pueblo prácticamente quedó deshabitado.

Cuarta crecida, 27 de diciembre de 1891

Este cuarto pico se produjo al mediodía, donde no quedó nadie sin evacuar. El día 29 comenzaron a regresar a sus viviendas. (Granado, 1975)

 

Informe de Isidoro Paviotti al ministro de Gobierno

Aquí analizamos un documento oficial, una correspondencia, entre el titular del Ejecutivo local y el Gobierno provincial, informando pormenorizadamente de los sucesos ocurridos en 1919.

El domingo 16 de marzo se produjo una crecida estival, en un primer momento no se magnificó el impacto que iba a tener. Esto traería inundaciones destructoras sobre las poblaciones ribereñas. Según el testimonio del intendente Paviotti, se estaba en presencia de una crecida superior a la que en 1891 arrasó a Villa Nueva. Desde el sábado a la noche se fueron confirmando los hechos y se pudo observar que el cauce no sería suficiente para contener la corriente. A las 22.30 del domingo comenzó el desborde por canales y desagües naturales, inundando las partes oeste de Villa Nueva. El agua desbordó la Cañada de los Castañones hasta dar con el dique que defendía a Villa Nueva de las inundaciones. Este terraplén se extendía aproximadamente entre los actuales barrios: Prado Español, Centro de Empleados de Comercio, San Antonio, Pinar de las Tejas y Vallecito. Siguiendo casi exactamente la línea recta que marca las calles Marcos Juárez y Tierra del Fuego hasta dar con la calle Almirante Brown. (Pereyra, 2018)

El pánico general se apoderó de la población, el agua contenida por el murallón fue embalsándose, inundando quintas y sembrados vecinos, hasta que el enorme caudal sobrepasó el dique y empezó a desplazarse por las calles. Del desborde a la destrucción del paredón había un solo paso. A las pocas horas se abrió una brecha de cuatro a cinco metros de ancho, pero la rápida reacción de autoridades y vecinos permitieron apalear la crisis arrojando centenares de bolsas de tierras.

“…este pueblo se ve condenado a vivir bajo la ingrata impresión de una perpetua y seria amenaza…”.  Isidoro Paviotti.

El testimonio del intendente hace referencia a que el daño mayor no fue en relación a la rotura del dique y sus consecuencias como se temía en un principio. Si sufrieron las consecuencias los caminos que daban acceso desde Arroyo Cabral y Pampayasta, estos estaban literalmente destrozados. Como resultado se paralizó el comercio y la industria de la región ocasionando cuantiosas pérdidas. Otra consecuencia fue la inundación de centenares de hectáreas cultivadas, que perduraron varios días, porque el ferrocarril pacífico carecía de alcantarillas suficientes para el escurrimiento de las aguas y constituía otro dique similar al terraplén. La empresa ferroviaria solo permitió la apertura ante la amenaza de una revuelta popular.

El intendente Paviotti, evaluando la situación, estableció cuatro obras necesarias.

1) Fue indispensable reforzar el terraplén, también limpiar el lecho para facilitar el escurrimiento.

2) Fue necesaria la apertura de una nueva calle al sur para establecer comunicación con las poblaciones vecinas.

3) Se reparó el puente sobre la Cañada de los Castañones y única vía de salida de la población.

4) La empresa del ferrocarril abrió una serie de alcantarillas entre Villa Nueva y Sanabria, previa intervención del Gobierno provincial. (Pereyra, 2018)

                         

El Diario del centro del País, de Villa María, 1984

En este material encontramos la cobertura de la prensa escrita de Villa María. Además podemos apreciar imágenes que son inexistentes en las fuentes documentales anteriores.

El lunes 2 de abril de 1984 se anunció el alerta por parte de los Bomberos Voluntarios de Villa María y Defensa Civil de ambas ciudades. El martes 3 con el aumento del nivel de las aguas se evacuaron las primeras 15 personas en el barrio Villa Oeste. El miércoles 4 se produjo la demolición de la ruta provincial Nº 2, para permitir el normal escurrimiento de las aguas por la Cañada de los Castañones. Personal de la Fábrica Militar de Pólvoras y Explosivos realizó el operativo junto a operarios de EPEC. El nivel del río subió tres metros y medio por encima de lo normal. El operativo de evacuación se realizó en el Club San José, el Club Alem y la defensa agrícola (paradójicamente el mismo lugar que en 1891) .

El periódico local argumenta que las crecidas del río Tercero “…constituye uno de los factores determinantes en el éxodo progresivo…” en la despoblación de Villa Nueva, frente al auge de Villa María.

 

Expediente de la Secretaría Legal y Técnica de la Municipalidad de Villa Nueva

En este documento oficial observamos el protocolo de decretos que estableció el municipio de la ciudad durante el segundo pico de crecida, el 27 de febrero de 2014.

El informe de la doctora José ­­María Pedernera se basó en los diagnósticos del Cuerpo de Bomberos Voluntarios y del ingeniero Marcelo Zerbi.

Con el fin de asegurar la integridad física y moral de las personas, por Decreto Nº 080/14 con fecha del 27de febrero de 2014, se propuso la demolición de un sector de la ruta provincial Nº 2 a la altura del km 99, frente a la cancha de Alem. A las 13 hs. se produjo el corte de la arteria.

Por Decreto Nº 082/14 se decretó la emergencia sanitaria, social y urbana, por Decreto Nº 083/14 se suspendieron las actividades educativas y por el 084/14 se dispuso de la creación de un registro único de damnificados que se serán evacuados en el edificio escolar del IPET Nº 322.

 

Conclusión

Es imposible pensar un desarrollo urbano de la zona oeste de las dos ciudades sin la sistematización de la Cañada de los Castañones. Esta obra hídrica defensiva es de vital prioridad en la proyección de la evolución demográfica para los próximos 50 años.

Con respecto al cotejo de fuentes disímiles, podemos decir que las inundaciones están presente en el proceso histórico local, su impacto marcó a generaciones durante tres siglos diferentes.

Pudimos conocer la existencia de una estructura defensiva, el terraplén. Reconocer en las lluvias estivales la principal causa del aumento en el caudal del río. Pero que tiene diferentes agravantes en cada coyuntura histórica: el embanque, las vizcacheras en 1891, el ferrocarril en 1919, la ruta en 1984 y el basural en 2014. En este sentido interpretamos la aparición del factor antrópico.

Pudimos encontrar en las crecidas una causa concreta del éxodo de habitantes a partir de finales de siglo XIX hacia Villa María. La aparición de nuevas fuerzas civiles como los Bomberos de Villa Nueva o la Policía municipal. Finalmente la evolución en las tecnologías de comunicación. Desde el telégrafo al teléfono satelital.

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